El sur de Francia: entre ladrillos, ríos y viñedos

      Si Francia es el país más visitado del mundo, por algo será. Ya sea por el halo de romanticismo que envuelve París, las delicias que ofrece su gastronomía o la indudable belleza de sus pueblos medievales, lo cierto es que millones de personas lo visitan cada año. Este 2014 yo lo he hecho por quinta vez, aprovechando las 3 horas escasas que tardamos los barceloneses en plantarnos en el país vecino. He tenido unos acompañantes de excepción: mis padres y mi cámara. A unos los he acompañado con entusiasmo en el descubrimiento de cada rincón, a la otra la he utilizado para mirar cada rincón de otra manera. Estos han sido los lugares que han pisado nuestros pies y nuestra Opel Meriva.

      La primera parada fue Mirepoix, un precioso pueblecito rodeado de campos de girasoles. Sólo fueron un par de horas, que nos sirvieron para disfrutar de unos cafés y un zumo de limón en su plaza porticada. Este es el principal atractivo de la población, con casas medievales de madera pintadas de llamativos colores y llena de agradables terrazas y tiendas de artesanía. Mirepoix fue reconstruida a finales del siglo XIII tras una inundación y se ha conservado hasta ahora con mucho encanto.

      Seguimos nuestro camino hasta Fonsorbes, un pueblo cerca de Toulouse que sería nuestra base durante tres días. Nos alojamos en casa de un familiar y disfrutamos de su compañía, de su enorme hospitalidad y de su piscina (donde, por cierto, mi padre y yo hicimos un bautismo submarino, pero eso ya es otra historia). Después de la primera noche visitamos la capital del departamento de Midi-Pyrénées y la cuarta ciudad más poblada de Francia: Toulouse. Se le llama la ciudad rosa por el ladrillo que se ha usado desde hace siglos para su construcción. Su ambiente universitario, además, le da un encanto especial. Recorrer sus animadas calles y contemplar sus imponentes monumentos, de diferentes épocas y estilos, es un placer muy recomendable. Nosotros, además de callejear, disfrutamos de un paseo a orillas del río Garona y de la visita al Capitolio. En este gran edificio se ubica el Ayuntamiento de la ciudad, que se puede visitar sin problema. Nos quedamos impresionados con sus salas, sobre todo la que acoge las bodas de los tolosanos, con paredes y techos totalmente cubiertos con preciosas pinturas. El Capitolio preside una gran plaza que es el centro neurálgico de la ciudad y en cuyo centro, en el suelo, se puede ver una gran Cruz Occitana, el símbolo del Languedoc. Su origen es muy antiguo y representa una rueda solar con doce rayos, cada uno rematado por una bola que simboliza un signo del Zodíaco. Nos divertimos buscando el nuestro y tomando algo en el centro neurálgico de Toulouse.

      Al día siguiente fuimos a Albi, una población que nos enamoró totalmente. Diría que es incluso más rosa que Toulouse y, al ser más pequeña, consigue ese punto justo entre bullicio y calma que tanto me gusta. La catedral es preciosa, las vistas del río Tarn una maravilla y, sobre todo, están sus calles. ¡Qué placer pasear por ellas! Además de todo eso, hay sitio para el arte, ya que Albi es la ciudad donde nació uno de los pintores franceses más reconocidos: Henri Toulouse-Lautrec. Allí podemos encontrar su casa natal, una calle con su nombre y un museo dedicado exclusivamente a su obra. El joven Henri abandonó Albi a los 17 años para ir a París a cumplir su sueño de ser pintor. Lo consiguió y nos dejó como legado sus obras, donde plasmaba la vida bohemia de los artistas de Montmartre y la alocada actividad de locales como el Molin Rouge y el Folies Bergère. Pero su infancia en su ciudad fue feliz, a pesar de sus problemas de salud.

      Con el recuerdo de Albi aún en nuestra retina, al día siguiente marchamos para el este, más cerca de la costa. En el camino paramos en Carcassonne…y qué decir de Carcassonne. Éste es uno de los lugares más visitados de Francia, sobre todo por su ciudad medieval fortificada (llamada comúnmente La Cité). Aunque ya había ido dos veces anteriormente, quería que mis padres vieran esta maravilla declarada Patrimonio de la Humanidad en 1997. Su doble muralla, sus casas de piedra, su castillo…todo nos transporta a épocas pasadas, como si estuviéramos dentro de una película del Rey Arturo. Recomiendo, sin embargo, ir fuera de la temporada alta, ya que los ríos de turistas que llegan a abarrotar el lugar en julio y agosto le hacen perder un poco la magia. A pesar de eso, disfrutamos viendo las tiendas artesanales, paseando, contemplando las vistas desde las murallas y degustando la deliciosa cassoulette, un estofado creado en la cercana Castelnaudary y que Carcassonne también ha hecho suyo. Después dimos un paseo fugaz por la ciudad nueva y el puente viejo que cruza el río Aude, que nos brindó una magnífica panorámica de La Cité.

      Dejamos atrás el medievo para llegar a nuestra nueva base de operaciones, un bed & breakfast regentado por una agradable pareja de ingleses de Cambridge, aunque a ella no la pudimos conocer por encontrarse en su país. John nos recibió amablemente, nos preparó fantásticos desayunos y fue el perfecto anfitrión. El pueblecito donde nos encontrábamos, Puissalicon, está rodeado de viñedos y es muy tranquilo. Fue toda una experiencia pasear por sus calles, comprar en su panadería, cenar en su único bar, observar a los lugareños jugar a petanca…y sobretodo regresar de un largo día caminando y poder respirar pura paz. La primera visita fue a Beziers, lugar donde viven más familiares. Fuimos a verlos y disfrutamos de unas horas en su feria, ya que estaban de fiestas. Ver casetas con sangría, cerveza y rabo de toro, escuchar sevillanas y disfrutar de charangas fue un gran impacto. Una prueba de la influencia española en la zona.

      Al día siguiente fuimos a Narbonne. Esta preciosa ciudad ha sido un auténtico cruce de culturas y civilizaciones, desde su origen romano (del cual encontramos vestigios), pasando por los visigodos, árabes y cristianos y acabando en lo que es hoy. Pudimos visitar la catedral, disfrutar de sus adorables calles y casas, de sus mansiones y monumentos , de su gastronomía… Pero yo me quedo con el Canal de la Robine, también Patrimonio Mundial. Me quedo con sus barcos, sus paseos, los restaurantes que se agrupan a un lado y a otro, sus banquitos para descansar y observar… Sin duda el eje vertebrador de la ciudad. Otro dato: en Narbonne nació el cantante Charles Trenet, que popularizó la famosa canción La Mer. Tras dejar Narbonne, hicimos una breve visita a Valras-Plage, donde nos encontramos con el ambiente de cualquier pueblo costero y turístico de España. Tiendas de souvenirs, restaurantes y una gran concentración de gente con ganas de disfrutar de la costa. Para rematar el día, acabamos en Pézenas, un pueblecito que nos recomendó John en el cual se celebraba una feria de vino y gastronomía. Disfrutamos tanto de eso como de sus calles empedradas (tiene un área cultural protegida con más de 30 edificios catalogados), sus tiendas de artesanía y sus galerías de arte. El arte está muy presente en Pézenas, no es casual que el mismísimo Molière encontrara allí una de sus fuentes de inspiración.

Y llegamos al final de nuestro periplo con sólo una espinita clavada: no haber visitado, por un fuerte viento y colapso de coches, el lugar donde Antonio Machado pasó sus últimos años y donde está enterrado: Collioure. Esta preciosa población costera, medio francesa medio catalana, tiene un encanto especial…pero, sin duda, seguirá estando ahí la próxima vez que visite la dulce Francia.

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7 pensamientos en “El sur de Francia: entre ladrillos, ríos y viñedos

  1. Me gustó mucho el recorrido. Conocí algunas ciudades de la zona como Toulouse, Carcassonne, Narbonne y Collioure. Realmente son muy bonitas. Aún no he escrito nada sobre ellas en mi blog, pero ya llegarán! Saludos desde Argentina

    • Muchísimas gracias por tus comentarios! La verdad es que Francia me enamora, ha sido un placer recorrer esas poblaciones y registrarlas con mi cámara. Estaré atenta a tu blog para ir viendo lo que escribes. Saludos desde Barcelona!

  2. Qué ganas le dan a uno de ir al ver e vídeo y leer tu relato! Precioso! Es un viaje que tengo pendiente, he siempre me ha llamado la atención. Cuando algún día lo hagamos, te pediremos consejo, jejeje! 😉 Me encanta el blog, Lídia! Un beso grande! 😀

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